Dar ejemplo es lo menos que se puede exigir a los gobernantes (y, visto lo visto, también a los jueces)
Publicado en El Periódico de Aragón el 3 de junio de 2012
Lo público y lo privado siguen lógicas muy diferentes. El ámbito privado es básicamente egoísta y busca acaparar beneficios sin especiales restricciones. Pero en lo público prima la gestión de unos recursos finitos, en base a un equilibrio y sin excluir a nadie. Pese a lo que algunos repiten cada día, no es como administrar un hogar o cualquier empresa, algo que, por ejemplo, comprendió demasiado tarde aquel presidente norteamericano Herbert Hoover.
A un cargo público se llega de diversas maneras, pero especialmente por ser depositario (que no es lo mismo que merecedor) de confianza. Por el alcance de las decisiones, exige responsabilidad (para los olvidadizos está bien recordar que es lo contrario a lavarse las manos); pero a diario vemos cómo esta se sortea cuando es política y, aún peor, también alguna vez cuando es penal.
A un cargo público se llega de diversas maneras, pero especialmente por ser depositario (que no es lo mismo que merecedor) de confianza. Por el alcance de las decisiones, exige responsabilidad (para los olvidadizos está bien recordar que es lo contrario a lavarse las manos); pero a diario vemos cómo esta se sortea cuando es política y, aún peor, también alguna vez cuando es penal.
Desde el pedestal de la impunidad se ven horizontes personales en todas direcciones, aunque también es inevitable proyectar sombras. Cuando un consejero de Extremadura, Fernández Perianes, por ejemplo, debe dejar su cargo por seguir ejerciendo ilegalmente otra actividad (¿cómo se aplica aquí lo de la tan cacareada productividad?), siempre hay quien recurre al mito de que lo público está mal pagado, como justifica el comprensivo Ramón Pérez Maura, adjunto al director de Abc.
Es frecuente olvidarse de dietas y complementos que no solo suelen ser opacos, sino que, a veces, ni "contabilizables", como cuando el juez Carlos Dívar, otras consideraciones aparte, llama "miseria" a 6.000 euros. Otros, tras desempeñar cargos públicos, encuentran fácil acomodo en la élite del mundo privado (Aznar, González, Salgado, Acebes...); abrepuertas contratados esencialmente por su agenda.
Es frecuente olvidarse de dietas y complementos que no solo suelen ser opacos, sino que, a veces, ni "contabilizables", como cuando el juez Carlos Dívar, otras consideraciones aparte, llama "miseria" a 6.000 euros. Otros, tras desempeñar cargos públicos, encuentran fácil acomodo en la élite del mundo privado (Aznar, González, Salgado, Acebes...); abrepuertas contratados esencialmente por su agenda.
En el terreno público no puede haber medias tintas, ni atajos, ni sí, pero no. No se puede ocultar la responsabilidad debajo de la alfombra porque devora el suelo. Dar ejemplo, de arriba abajo, es lo menos que se puede exigir a los gobernantes (y, visto lo visto esta semana, también a los jueces). La primera medida que tomó Hollande al llegar al Elíseo fue bajar su sueldo y el de sus ministros un 30%, marcando una pauta. Merkel, mientras tanto, ha subido el suyo el 5,7%. Eso sí es productividad.

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