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| Ramón J. Campo y Fran Osambela (cada uno con el libro del otro), en la caseta de Mira, en la Feria del Libro. |
El libro tiene pasajes, en particular todos los detalles relacionados con la figura del aduanero (espía) Albert Le Lay, que literalmente producen escalofríos. Y no se queda atrás, por ejemplo, el capítulo dedicado a los 272 extranjeros encarcelados por Franco que huían de los nazis, una obra maestra del periodismo de investigación. En general, lo que a lo largo de sus casi 300 páginas parece un relato propio de una novela de ficcción, es en realidad un trozo de historia (a veces cruda y amarga) recuperada del pasado por un periodista magistral.
Tampoco es necesario leer muchas páginas de Canfranc. El oro y los nazis para que la mente restace a bote pronto de la memoria la reflexión que J.D. Salinger pone en boca de Holden Caulfield, protagonista de El guardián entre el centeno: "Los que de verdad me gustan son esos libros que cuando acabas de leerlos piensas que ojalá el autor fuera muy amigo tuyo para poder llamarle por teléfono cuando quisieras". Y eso es lo que ocurre con Ramón; que es inevitable sentirlo cerca. Una llamada de teléfono, un tuit, un correo electrónico, un encuentro fugaz en la calle. No es difícil poder disfrutar de su compañía, sus conocimientos, su periodismo y, por encima de todo, de su honestidad. Uno pasa las páginas de Canfranc. El oro y los nazis y no puede evitar pensar que cada uno de esos párrafos están escritos y documentados ya no por un periodista pulcro y escrupuloso con su trabajo, que también, sino por un hombre, una persona, que va por la vida derrochando sinceridad, compromiso, honradez, amistad y cariño. Alguien incapaz de vender su alma al diablo por nada ni por nadie, ni siquiera cuando ha visto escurrirse su propia vida entre las rendijas del teclado de un ordenador.
Dice con mucho acierto Rafa Rojas en Guantes Rotos, que Aragón es una tierra escasamente propensa a crear genios, y, mucho menos, a creérselos. Quizá Canfranc. El oro y los nazis sea un libro llamado a romper esa dinámica. Primero porque al leerlo te conduce a creer y sentir una etapa de la historia de esta tierra desconocida para la mayoría, pero tan atractiva y sorprendente como cualquier otro destacado episodio de la Segunda Guerra Mundial, muchos de ellos elevados a los altares por la literatura y el cine. Y segundo porque su autor, Ramón J. Campo, está ahí mismo. Es un genio cercano.
(Canfranc. El oro y los nazis se presenta el miércoles, día 20 de junio, a partir de las 19,30 horas, en el salón de actos del Instituto Goya de Zaragoza)


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