Saturada de macrocifras y abocada a ser cada vez más pobre, la gente se refugia en lo más cercano
Publicado en El Periódico de Aragón el 22 de julio de 2012
Cagüentó! La gusana viva que he comprado hoy estaba más muerta que mi prima". En un lugar en el que el tiempo se mide en ratos, ratillos y miajas; en un paraje en el que el atardecer tiñe de rosa el cielo sobre la línea del mar, provocando un espectáculo de luz único sobre una playa infinita, las conversaciones se echan encima de la mesa sin miramientos. A golpetazos. Como si fueran fichas de dominó. Mientras el mundo que hemos conocido hasta ahora se desmorona (política, económica, social y moralmente), en esta terraza junto a la arena ya solo queda sitio para la burbuja de lo más cercano y sencillo: ese banco de peces que fue visto y no visto, esa guitarra recién afinada, esos perros que no dejan dormir a los turistas con sus ladridos, esa barca hundida en la última tormenta o esa Virgen del Carmen que procesiona sobre las aguas.
Mientras cada instante del crepúsculo se antoja todavía más bonito que el anterior, la nota literaria de la tertulia la aporta, cómo no, un yankee sin pasado ni futuro y más delgado que "la radiografía de un silbido". Entre libros que acarrea en las alforjas de su bici, un título llama especialmente la atención de los presentes:La conjura de los necios, obra maestra marcada por el dramático destino de su autor, John Kennedy Toole, que se quitó la vida once años antes de que fuera editada. Silencio.
Suicidio es palabra maldita, de las que zanjan las escenas como un hachazo. Miradas bajas. Más silencio. Y una nota, y otra, y muchas más, y unas palmas, y el final del día, como no podía ser de otra forma, coge vuelo de nuevo de la mano de los avatares del protagonista de la novela, Ignatius J. Reilly, unos fandanguillos y una caja (varias) de quintos de cerveza.
A partir de ahí, ya no se sabe si el consejo de necios es lo mismo que la conjura de ministros de los viernes, si la prima de riesgo está más muerta que la gusana, si hay un tipo llamado BOE que aprieta aún más que Rajoy o cuántos merluzos hay al frente de los bancos. Qué más da. Que hagan lo que quieran. Refugiados en nuestra pequeña burbuja, seremos cada vez más pobres, pero mientras quede un poco de luz, habrá esperanza y, al menos en la costa onubense... luz es lo que sobra.

2 comentarios:
Al menos la playa es gratis, pero shhhhhhhhh... no lo digáis muy alto, que les podemos dar ideas para un impuesto estival por uso y ocupación de la arena y el mar.
Consejo: dejad los quintos de cerveza, que no está el país para confundir la prima con la gusana, ni los merluzos con aquellos que tienen potestad de cambiar nuestras vidas a firma de decretazos.
Si me quitas la cervecita al atardecer, me quitas media vida.
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