La solidaridad conoce todos los puntos cardinales, pero el eje que le es propio es la vertical, de arriba abajo, de ricos a pobres
Publicado en El Periódico de Aragón el 23 de septiembre de 2012
El Jefe del Estado ha decidido no callarse y compartir con nosotros su solución mágica a los problemas que nos atañen: "actuando unidos... remando a la vez", sin especificar quién se tiene que dar por aludido. Está claro que la sociedad española sí, en referencia a ese conjunto homogéneo que, sin fisuras, asume los recortes de sus derechos porque son "medidas inevitables" sin más; que debe creer que su sacrificio casi religioso de hoy se verá recompensado mañana porque este es un "gran país", y que mientras debe quedarse en casa como ejercicio de responsabilidad. Eso sí, cada cuatro años puede salir a sellar el bono del derecho a la queja.
Deberíamos incluir también a los españoles que a título individual y espontáneamente se echan por miles a la calle, esta vez sí, para ver en pantallas de infinitas pulgadas ganar el Mundial; y así mostrar su inmensa alegría y orgullo por compartir las esencias de esos valores tan eternos como intangibles. A eso lo llamaríamos la prueba del nueve de la cohesión social y nacional. Algunos incluso tienen como modelos a imitar a otros deportistas excelentes que lucen enormes muñequeras rojigualdas para tapar el hecho de que evaden sus impuestos fuera del país.
Pero hay otra España, con mayúscula, donde gusta más ordenar remar que hacerlo. Es ese lugar sagrado donde algunos desde siempre y otros desde menos custodian y deciden qué nos caracteriza y qué nos diferencia del resto. Crean riqueza solo en condiciones muy favorables para ellos. Guardan con celo nuestras fronteras y su coto mientras depositan el dinero obtenido y la formación de sus hijos fuera. Solo actúan si debajo hay siete redes y a sus favores endogámicos los denominan méritos, en los que sustentan sus privilegios.
Y, de repente, una china nacionalista en el zapato causa tanta alarma que hasta el Rey interviene. Pero no es para tanto. La solidaridad conoce todos los puntos cardinales pero el eje que le es propio es el vertical: de arriba abajo, de ricos a pobres. Y eso vale para todos a no ser, claro está, que queramos romper la baraja, que todo se puede hablar (y votar). Eso sí, si solo estamos en condiciones de defender los símbolos, ya no hay camino a seguir. Ya somos todos Historia.
Pero hay otra España, con mayúscula, donde gusta más ordenar remar que hacerlo. Es ese lugar sagrado donde algunos desde siempre y otros desde menos custodian y deciden qué nos caracteriza y qué nos diferencia del resto. Crean riqueza solo en condiciones muy favorables para ellos. Guardan con celo nuestras fronteras y su coto mientras depositan el dinero obtenido y la formación de sus hijos fuera. Solo actúan si debajo hay siete redes y a sus favores endogámicos los denominan méritos, en los que sustentan sus privilegios.
Y, de repente, una china nacionalista en el zapato causa tanta alarma que hasta el Rey interviene. Pero no es para tanto. La solidaridad conoce todos los puntos cardinales pero el eje que le es propio es el vertical: de arriba abajo, de ricos a pobres. Y eso vale para todos a no ser, claro está, que queramos romper la baraja, que todo se puede hablar (y votar). Eso sí, si solo estamos en condiciones de defender los símbolos, ya no hay camino a seguir. Ya somos todos Historia.

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