Mareados

Hacer malabares con el lenguaje para tratar de camuflar la realidad nos hace perder el norte

Publicado en El Periódico de Aragón el 30 de septiembre de 2012

El lenguaje es imprescindible para ubicarnos, identificar problemas y encarar necesidades. Así que utilizar semejante herramienta para ponernos zancadillas a nosotros mismos solo sirve para confundirnos. No hay manera de ver lo que ocurre en su dimensión real. El uso interesado de las palabras es frecuente en política y, aunque no se trate de una particularidad solo española, el escritor Luis Sepúlveda sí enfatiza que "desde el primer día de la Transición el eufemismo se impuso como parte fundamental del discurso político".
Lo incuestionable es que, muerto el dictador, aquella consigna de reconciliar sensibilidades sin profundizar en heridas favoreció la aparición de palabras difusas, polisémicas, de esas que se deslizan no siempre de un modo calculado y sí con un cierto componente de azar; a veces crípticas y tan difíciles de descifrar como modernas piedras de Rosetta, y otras como simplones rábanos multihojas.
Aun así, cuando las prioridades económicas se estrechan (paro, pobreza, riesgo de exclusión, olvido del sistema...) no existen mantas gramaticales de suficiente tamaño para tapar las evidencias. Es entonces cuando un paso más allá del rodeo semántico oímos aquello de "posiblemente" o "no contemplamos a día de hoy" que diluyen o reparten responsabilidades en un tiempo que ya no se concreta. Por no hablar del "soy de los que piensan que...", fórmula muy extendida últimamente, incluso en la flamante nueva web de la Casa Real.
Para acabar de volatilizar los mensajes se recurre a una supuesta inevitabilidad casi divina: "en principio no es mi intención", pero "no quedaba otro remedio", "ha sido necesario por el bien de todos". Habrá que admitir que no es una táctica exclusiva de quien gobierna, sino de hábitos arraigados, también para quien está en la oposición, donde evidentemente el fuego quema mucho menos y la memoria no pasa tanta factura.
Jugar con el poder del lenguaje para camuflar la auténtica realidad nos hace perder la orientación, tanto que uno ya no sabe si ve galgos y podencos por todos lados o a Rajoy al frente de la mayoría que se queda en casa mientras Rudi lidera la rebelión social. ¿Contra los recortes?

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