'Realidad'

Nos hablan de un difuso futuro de crecimiento y empleo, pero nos mienten de forma sistemática

Publicado el 9 de septiembre de 2012 en El Periódico de Aragón

Nueve meses después de llegar a la presidencia, Mariano Rajoy, mientras sigue juega que te juega con la opción de pedir un rescate que se antoja impepinable, ha descubierto quién es su verdadero enemigo político: "La realidad me ha impedido cumplir mi programa electoral". Pero el asunto es otro. El día a día ratifica que hasta la inercia nos ha abandonado y que tenemos nuestro presente suspendido en el aire (o en el vacío), en una estructura de castillo de naipes. Un presente secuestrado. El último CIS de junio indicaba que el 88,6% de los españoles veía su situación económica como "mala" o "muy mala". La mano inconcreta de la especulación no deja de sacudir el árbol del Estado del bienestar y los frutos de las conquistas sociales no dejan de caer uno tras otro.
Y mejor no hablar de ese futuro sobre el que no hay más que predicciones erróneas, una supina incertidumbre y una inargumentable convicción de final feliz que ni siquiera alcanza como efecto placebo. Venimos del modelo del consumismo, que había diluido las clases, que igualaba a todos en ese fin de la historia, esa alternativa triunfadora, ese pensamiento único que culminaba en un capitalismo "infinito por definición", según explicaba entonces Vicente Verdú.
La idea central del progreso acumulativo ya se ha quebrado para siempre. Hoy todo el mundo, por primera vez, admite que la próxima generación vivirá peor que la anterior; pero aun así nadie ha desmentido ese modelo ni contempla otros nuevos y diferentes de racionalización de los recursos.
Se habla de un difuso futuro de crecimiento y empleo, pero nos mienten porque reducen drásticamente las partidas de investigación y desarrollo y el horizonte queda cerrado por el persianazo de la deuda y el cumplimiento del déficit, que para colmo ha girado y quebrado con facilidad voluntades y Constituciones soberanas.
El poeta Miquel Martí i Pol decía que no hay presentes, que todos los caminos son recuerdos o preguntas, pero la vida cotidiana nos indica que nadie puede abstraerse y separarse de la realidad. La verdadera única alternativa es incidir y sumergirse en ella, no convertirla, por mucho que intente Rajoy, en una excusa. 

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