La irrupción en escena del Partido X merece ser observada más como un síntoma que como una solución
Publicado en El Periódico de Aragón el 20 de enero de 2013
Probablemente los movimientos sociales surgidos en los últimos 30 años han tenido siempre sus objetivos muy focalizados, fijados en causas concretas, obedeciendo a problemas determinados. Por ello han encontrado muchas dificultades para articularse en una lucha global, quizá ante la imposibilidad de encontrar suficientes puntos comunes para un unitario programa político. En el caso del 15-M, sí se articuló reuniendo diversos motivos: desahucios de viviendas, desconfianza en el sistema electoral, frustración de no encontrar un camino laboral y vital (la mitad de la juventud en España estaba entonces sin empleo --actualmente lo está un 56%--).
Eso sí, en la semilla quincemayista se dieron dos hechos decisivos. No fue una revuelta estrictamente juvenil porque rápidamente diversas generaciones se implicaron (incluidos los autoproclamados "iaioflautas"). Y su irrenunciable sistema asambleario y radicalmente horizontal les restó opciones de incluirse en la vida pública de un modo más activo y decisivo.
Ahora el Partido X parece ir más allá del 15-M. Crecen las sombras sobre la eficacia representativa del sistema democrático y no sorprende que se estudien y se prueben nuevas formas de participación, basadas en la revitalización y actualización de la idea de solidaridad. Por supuesto, para los defensores cómodos (e interesados) del statu quo (el estado actual de las cosas entendido como equilibrado) y para reformistas de salón (igualmente acomodados), todo parece ser un intento bisoño, por no decir hereje.
Pero no hay por qué despreciar opciones, y menos en tiempos de desesperación. Merecen ser examinadas más como síntoma que como solución. Con frecuencia los procesos históricos parecen exasperadamente lentos y muchos se diluyen, pero cuando alguno cala, el cambio es irreversible. Quizá no aún en España, pero convendría no perder de vista los progresos del Partido Pirata en Alemania o del Movimiento 5 Estrellas en Italia. Lo dice Manuel Castells: "Los movimientos sociales contra la crisis son los que están operando la transición en Europa entre una democracia liberal agotada y una nueva aún por descubrir". La equis siempre fue una incógnita. Pero siempre se pudo despejar.

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