La patria

La irrupción de la periodista zaragozana Marta Quintín Maza demuestra una vez más que en literatura no hay lugar a la fuga de cerebros

Publicado en El Periódico de Aragón el 24 de febrero de 2013

Aún no tenía seis años y ya la llevaban de aula en aula para que contara cuentos a los demás niños y niñas. Apenas tenía 14 y ya había escrito su primera novela. A los 18 terminó la segunda, Dime una palabra, una pequeña obra de arte impropia de esa edad que esperó más de cuatro años para ver publicada; algo, eso sí, que hizo a lo grande: cuatro presentaciones distintas en Nueva York, una de ellas en la sede del Instituto Cervantes, y otra más en Zaragoza, la ciudad que la vio nacer en 1989.
Tras residir un año en la Gran Manzana, donde se ha formado como reportera en la agencia Efe, solo lleva unas semanas en Eibar, esta vez con una beca de la Cadena Ser. Y continúa imparable: ha sido cuestión de días que haya logrado encandilar a los oyentes con relatos de tinte local ideados y recitados por ella misma. En abril participará como actriz en Republicados, obra de teatro sobre la Generación del 27 y el estallido de la Segunda República. En junio cumplirá 24.
Dice el protagonista de El guardián entre el centeno que los libros que más le gustan son aquellos que cuando acabas de leerlos piensas que ojalá el autor fuera muy amigo tuyo para poder llamarle por teléfono cuando quisieras. Quizá sea ese el valor añadido de Marta Quintín Maza, tan cercana y dispuesta a charlar sobre literatura y teatro --su otra gran pasión--, que nunca importa en qué lugar del planeta se encuentra en cada momento. Siempre está ahí. "Mientras pueda escribir estoy igual de feliz en Nueva York que en Eibar", asegura.
En un análisis del drama que supone para el país la fuga de sus jóvenes talentos, el escritor Manuel Vicent parte de la tesis de que ningún cerebro humano es mejor que otro al nacer y critica que España se haya permitido el lujo de tirar tanta gente valiosa a la basura o dejarla marchar a otros países. La sorprendente irrupción de la periodista zaragozana pone en duda esa teoría y cualquier otra que se parezca, al menos en el campo de la literatura. Primero porque es evidente que Marta ha nacido con un algo más, mágico y diferente; y segundo porque solo ha necesitado de una novela para demostrar que no hay sitio para las fronteras cuando uno elige las palabras como auténtica patria

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