El castillo

El penúltimo milagro español consiste en entender cómo es posible que aún exista paz social

Publicado en El Periódico de Aragón el 14 de abril de2013

El penúltimo milagro español --en este país todavía se cree en ellos-- consiste en entender cómo es posible que aún exista paz social pese al explosivo cóctel en el que estamos inmersos: disparatados datos económicos --especialmente los de desempleo-- acompañados de un vergonzante festival de la corrupción. Mientras la prensa extranjera, que tiene una mayor perspectiva, lo recoge sin dejar de sorprenderse, aquí nos miramos los unos a los otros con las cejas arqueadas. Según el CIS, la corrupción política es ya el segundo motivo de preocupación para el pueblo. Sin embargo, la indignación que despierta tiene una connotación diferente. Propia y patria. Quizá esperando --siempre esperando-- a que alguien llegue con la solución, vivimos a caballo entre la perplejidad y la resignación sin saber si lo nuestro es una fatalidad, un pecado o si de verdad tenemos algo que decir.
Con la putrefacción campando por instituciones y partidos, uno puede elegir cada día frente a la tele contra quién se desahoga. Pero como no se trata de una ficción o de un reality, no son tolerables actitudes como la del abogado José Manuel Otero Lastres, que se atreve a decir que lo de Luis Bárcenas "no es una crisis real", sino "mediática". Claro que, tras quince meses, Iñaki Urdangarin, alguien que bien podría estar sin pasaporte, se dispone a largarse a Catar por puente de plata (y oro).
En los casos en que la indignación sí logra canalizarse es donde nos enteramos de que hay Gobierno (además de un tipo que reparte hostias como panes en Canarias, claro). Si algo ha aprendido el PP con el 15-M es cómo criminalizar la calle: Cospedal opta por una comparación con el "nazismo puro"; la gobernadora Cifuentes, con esa osadía distorsionadora propia del exceso de ambición, prefiere poner las protestas a la altura de ETA; el sombrío hombre que heredó Madrid, Ignacio González, pide límites para la prensa; y González Pons, el mejor bombero de su partido, y que, como el amianto, es tan ignífugo como tóxico, culpa de la corrupción a la crisis. Y, mientras, Rajoy, a quien no le consta la brecha de la desigualdad, blinda su éxito en una palabra: "aguantar" (un desafío rupturista catalán, dos huelgas generales... Lo que le echen). Como si la política fuera solo un castillo medieval.


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