Fe ciega

En adelante no todos podremos aspirar a vivir bien. Será algo reservado solo para los ganadores

Publicado en El Periódico de Aragón el 28 de abril de 2013

Una buena metáfora ayuda a comprender una situación demasiado abstracta o compleja. Una regular puede confundir. Pero una mala puede ser fatal. Y un cambio estructural como el que estamos viviendo no es una crisis temporal, un mal sueño, una enfermedad inoportuna propia de esos virus cíclicos que coge el sistema pero que tienen final feliz. De Guindos y sobre todo Montoro no se cansan de vocear (no explicar) nuestra inminente recuperación económica dando plazos tan arbitrarios como el lugar exacto del palo donde nos colocan, cada vez, la zanahoria.
Mientras, el FMI, que maneja datos propios, calcula que la crisis de la deuda puede prolongarse diez años. Y otros, como el profesor de la Universidad de Málaga Alberto Montero, inciden en que con las políticas actuales no se podrá salir de la crisis ni fortalecer a ningún sector en concreto.
Hoy el poder no se nutre de la Razón. Ya explicaron en su día Buckey y Bristol, dos de los padres del movimiento neoconservador estadounidense, que el libre mercado era un concepto vacío de intención política. Antes las personas contábamos, al menos, como consumidores. Ahora ni eso. El capital financiero es especulativo, depredador por definición, y jamás se ocupa de los perdedores. Solo explota la necesidad, incluso en mercados de alimentos y de futuro, y rebaña el resto sin piedad.
El mundo ya no es razonable. Argumentos y explicaciones son piedras en su camino que hay que vadear. Lo vemos a diario. Rajoy evita verbalizar la palabra Bárcenas como si fuera un fatal ábrete sésamo que dejara al descubierto un vergonzoso botín. Y las uñas de Cospedal se obstinan en liar madejas para que nadie, tirando del hilo, pueda llegar hasta el final.
La austeridad no es explicable ni es una cura. El "austericidio" (José Carlos Díez dixit) es un plan completo para desmantelar las conquistas de la socialdemocracia. En adelante no todos podremos aspirar a vivir bien. Será un exceso. El virtuosismo luterano de Merkel es solo para ganadores. Para los demás, la fe ciega, sin más. Nos piden que cerremos los ojos mientras nos despeñamos por el precipicio. Y esta vez no es una metáfora. Es la puta realidad.

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