Desafectados

La instituciones del Estado de derecho ya no se usan para construir sociedad, sino para esconderse de ella.

Publicado en El Periódico de Aragón el 28 de julio de 2013

Primero fue la desafección de los ciudadanos hacia sus políticos, aunque no son ellos sino la política, es decir, nuestra vida cotidiana, la que en definitiva sufre las consecuencias. Más tarde, los escándalos de corrupción que se añaden al incumplimiento de promesas y programas electorales han agitado el fondo, pero también han hecho inaceptables y vergonzantes las formas. Véanse como ejemplos el todavía silencio del presidente, en contra de la opinión del 90% --incluido el 79% de sus propios votantes--, y que ahora advierte que solo va a dar "su versión" (lo que, en otro sitio, Belén Esteban llamaría "mi verdad"), o el repetido "son mentiras" de Cospedal, histriónico mantra que, como ocurre con la Reina Roja de Alicia, no se acompaña de explicación alguna.

Mientras, la Justicia, con mayúsculas, el último pilar firme que nos queda, sorprende cuando tan pronto hace desaparecer por arte de birlibirloque la condena de Jaume Matas, como permite trepar al presidente del Constitucional Pérez de los Cobos, quien aun siendo tan legal como tener uno del Rayo, sin embargo ocultó su carnet del PP y el hecho de ser gestor único de una asesoría.

El último rizo es la desafección de los políticos por ¡la propia política! Wert ya declaró que se retirará cuando acabe su mandato (su misión). Guindos amaga mientras se lo piensa, y hasta Ruiz-Gallardón, que no conoce otra vida, ha puesto fecha a su renuncia. La erótica del poder, al parecer, ya no seduce sino que abrasa los egos, que encuentran mejor acomodo en las templadas aguas de la empresa privada, especialmente en el ramo energético (FelipeAznarSolbesSalgadoMiquel RocaPío Cabanillas...). Mientras, el recibo de la luz ha subido el 60% en 5 años. Y en agosto vuelve a subir.

Es decir, mientras a los desafectados de los desafectables cada vez nos parece más evidente que las instituciones del Estado de derecho ya no se usan para construir sociedad sino para esconderse de ella, ellos, los desafectados de última generación, pobres, se conforman con ponerse en el lugar exacto en el que la puerta giratoria (esa que te lleva de la élite de lo público a lo privado y trae otra vez) no les dé en las narices

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