Rajoy no puede salir indemne del 'caso Bárcenas' por responsabilidad política y por higiene democrática
Publicado en El Periódico de Aragón el 8 de septiembre de 2013
La penúltima moda entre articulistas, blogueros de postín y otros pensadores pasa por pedir la cabeza de Rajoy aludiendo a las históricas palabras pronunciadas en el siglo XVII por Oliver Cromwell en el Parlamento británico: "Habéis estado demasiado tiempo aquí sentado para el bien que habéis hecho. Marchad, os digo, y libradnos de vos. En el nombre de Dios, marchad". No hay duda de que son más solemnes y apabullantes que el ¡Váyase, señor González! acuñado por José María Aznar a finales del siglo XX. En otra ocasión, en mayo de 1940 volvieron a resonar en el mismo foro, esta vez en boca de Leo Amery, para mostrarle la puerta de salida del 10 de Downing Street al inefable Neville Chamberlain, dado su tibio comportamiento en el momento de conducir al imperio a la segunda gran guerra.Aunque puestos a recoger momentos de la historia que asimilar con el presente quizá sea más oportuno parafrasear al legendario David Lloyd George, que en aquella misma sesión que acabó con Chamberlain exigió al premier que fuera el primero en dar ejemplo y antes de pedir "más sacrificios" al pueblo, sacrificara "él mismo" su cargo ("sello oficial", dijo).
En principio, ni las peticiones bien argumentadas ni las adornadas ni la confusa actitud del primer partido de la oposición (que tan pronto pide dimisiones como rompe relaciones como las restablece) parecen mellar a un presidente parapetado en la doble trinchera que conforman su habitual inacción (léase yo me quedo quieto hasta que la manzana caiga, o no) y las cifras macroeconómicas de la supuesta salida de la crisis. Pero está acabado. El caso Bárcenas no puede dejar viva su carrera por responsabilidad política y por higiene democrática.
Apenas ha superado año y medio de legislatura (quizá demasiado poco para el daño que ha hecho), pero ahora mismo su figura encaja a la perfección en esa descripción de Ken Follett de un hombre que creyó que podía volar y saltó de la azotea de un edificio de diez plantas: cuando pasaba por la quinta en caída libre, agitando los brazos en vano, alguien le oyó decir: "Hasta aquí vamos bien". Llegar definitivamente al suelo es solo cuestión de tiempo.

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