Rodeados

La puerta giratoria del sector de la energía es la más concurrida. Lógico, si tenemos en cuenta que la luz ha subido un 71% en diez años

Publicado en El Periódico de Aragón el 13 de octubre de 2013

Hubo un tiempo en el que los poderes político y económico transcurrían por vías casi paralelas, respetando sus respectivos ámbitos, poniendo cada uno las manos en lo suyo. Hoy los diques ya no existen. Tras la teoría de las puertas giratorias y ese frecuente trasvase de cargos políticos al alto mundo empresarial solo puede crecer la sospecha de que, más que una reubicación profesional, esta porosidad delata una grave contaminación y manipulación de las decisiones tomadas en nombre del bien común para futuros bienes particulares, lo que provoca desigualdad social y los subsiguientes descreimiento y desafección ciudadana.

La lista de exministros tanto de PP y PSOE que "siempre caen de pie", según expresión de Graciano Palomo, no deja de crecer. Pero, por esta vez, no es una particularidad española. Según el sociólogo Michael Hartmann, citado por Olivier Cyran, de los veinte secretarios de Estado que se sucedieron en el Ministerio de Economía alemán entre 1949 y 1999 solo cinco pasaron al sector privado al dejar su cargo público; mientras que desde el 2000, fueron siete de los ocho quienes siguieron carrera en el mundo privado de las finanzas.

Lo que sí es llamativo en el caso español es la especial presencia de excargos en el sector energético. Es difícil no relacionar las figuras de los expresidentes González y Aznar o el exministro Acebes, entre otros, con cierta arraigada querencia por los pelotazos y las sucesivas burbujas. Máxime cuando el recibo de la luz se ha encarecido un 71% en apenas una década.

Mientras, en los "rigurosos" presupuestos de Montoro para el 2014, llama la atención el aumento en un 28% de la financiación a los partidos políticos, con la excusa de las elecciones de mayo al Parlamento Europeo; esa pomposa institución que parece más un lugar de trabajo para lobbistas rozando la ilegalidad que el hogar que representa a los pueblos de la UE. No existen, en cambio, elecciones para la troika, ese implacable brazo ejecutor con el superpoder de traspasar las constituciones de los países, es decir, la legítima voluntad de sus sociedades. Es evidente: estamos rodeados. Cada día cuesta más admitir que esto es una auténtica democracia.

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