Poses

Un numeroso grupo de "personalidades" deja por escrito que desea arrimarse al PSOE. A la cúpula, claro

Publicado en El Periódico de Aragón el 10 de noviembre de 2013

Hay quienes creen que hoy la distinción política entre derecha e izquierda es anticuada o inadecuada. Unos, porque ven problemas complejos que superan y no encajan en esa división, y otros porque necesitan desacreditar las ideologías para barrer para casa y apuntalar la machacona idea neoliberal del no-hay-alternativa. Pero sí hay diferencias sustanciales. A un lado están los que piensan que la igualdad es un ideal artificial, que neutraliza el talento y el esfuerzo; y entre estos, los que llaman "méritos" a los privilegios que hacen que por ejemplo alguien como José María Aznar Botella pase a dirigir los activos inmobiliarios de Bankia.

De otro lado están quienes entienden que un grupo de personas solo se convierte en una sociedad si se actúa sobre las desigualdades. ¡Actúa! Aunque la Transición española, o transacción, como gusta decir a Rafael Reig, creó la figura del progre, tan ávido de modernidad en el fondo que con frecuencia se excedió en la pose. Se trata de un estereotipo aún reconocible, enredado entre lo que se debería hacer de verdad y la burguesa debilidad por la notoriedad.

Este fin de semana el PSOE busca definir un proyecto teórico y nueva fachada, y otros se han arrimado y ofrecido solo en condición de "personalidades" (?) a lo alto de la pirámide y no a la base, como el exdirigente de IU Mariano Santiso, quien para resultar creíble remata además con un impropio "tenemos nuestra vida resuelta". Pelear derechos y defender conquistas frecuentemente requiere nadar a contracorriente y mucho desgaste; los meros gestos ya no son suficiente, menos en tiempos de recesión, y pueden acabar traicionando, como le ocurrió a Joan Coscubiela, de ICV, en la estampida de diputados con motivo del último puente ("Tengo derecho a dormir con mi familia", clamó).


Hoy en día las redes virtuales crean y creen en la horizontalidad, lejos ya de viejas vanguardias intelectuales; y en la calle, la necesidad y la urgencia inventan y difunden tramas solidarias y, a menudo, anónimas. La realidad empuja sin guardar las formas ni "respetar los tiempos", y los discursos de ideas que no se anclan en compromisos firmes y concretos pueden acabar en vía muerta.

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